El origen de estas formaciones se remonta a millones de años atrás, cuando las placas tectónicas de la zona de Filipinas chocaron entre sí. Luego, el trabajo quedó en manos del viento y la luvia, que erosionaron el terreno.
Algo que sigue sorprendiendo, es la increíble simetría generada por los más de mil montículos situados en la isla Bohol. Más aún, las colinas han llegado a convertirse en símbolos del atractivo natural de la provincia, al punto de que ilustran la bandera y los sellos provinciales.
Para entender el fenómeno, hay que hacer foco en la flora. Es que toda la magia de estas montañas, está vinculada con la hierba que las recubre, que se vuelve marrón durante la estación seca, y por ello los montes parecen hechos de chocolate.
La industria turística llegó hasta las colinas e instaló dos lujosos hoteles en dos de ellas, algo de esperar teniendo en cuenta el fuerte potencial y atractivo de la zona. Ante este avance, el gobierno de Filipinas y la Unesco declararon el territorio Patrimonio de la Humanidad y Monumento geológico, para su protección y cuidado.
A las CHocolate Hills, algunos de los habitantes de la región les han atribuido mitos y leyendas. La más famosa, afirma que las colinas se formaron por las lágrimas de un gigante llamado Arogo que llora la muerte de su amada.


