En el año en que fue sede de la Trienal de Arte, Brujas lució orgullosa su pasado, su arquitectura y su belleza tan distinguida. La primera parada a la convocó es, también, uno de los principales atractivos: la torre del Belfort. Sus 83 metros de altura atraen por su bella arquitectura y porque alberga, entre otras cosas, un carillón con 47 campanas.
Este campanario es Patrimonio de la Humanidad y su valor radica en que en la tesorería, durante la Edad Media, se guardaba el sello, el escudo y el tesoro de la ciudad. Subir sus 366 escalones tiene como recompensa disfrutar de una increíble vista panorámica de la ciudad y los alrededores
El Hospital de San Juan o Museo de Memling es otra pieza clave para aprehender la esencia de Brujas. En él la historia permanece encapsulada en sus muros. Estar allí es dejarse llevar por ocho siglos durante los cuales monjas y hermanos cuidaron a pobres, peregrinos, viajeros y enfermos.
