Salto Ángel en Canaima, Venezuela

Te contamos nuestro recorrido hacia el Salto Ángel, cómo llegamos hasta allí, qué tener en cuenta y cómo fue esta experiencia con el salto más alto del mundo.

Rumbo al Salto Ángel

Todo comenzó cuando, en oportunidad de la realización de la FITVEN 2010, viajamos a la ciudad de Caracas en el mes de septiembre. Desde allí tomamos un avión que nos llevaría al aeropuerto de Canaima, un bonito paraje habitado por la comunidad de los pemones, que alberga al campamento Ucaima, en donde nos hospedamos.

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Y a la madrugada del día siguiente comenzó nuestra aventura: a bordo de una curiara, tradicional embarcación fabricada por las etnias de la zona con la madera de un solo árbol gigantesco, partimos desde el puerto hacia el Salto Ángel.

El viaje nos llevó alrededor de tres horas y media y, por momentos, se hizo duro; primero navegamos río arriba el Carrao para luego continuar por el Churún.

venezuela, salto del angel

Entre medio tuvimos que bajar de la curiara y caminar cerca de media hora, en un tramo en el que las embarcaciones deben atravesar las aguas sin gente a bordo, según nos explicaron.

El paisaje, todo alrededor, es impresionante. Imagínense que estamos en el Estado Bolívar, un sitio en el que la naturaleza y las actividades de turismo aventura están a la orden del día.

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Un camino no tan sencillo


Así fue que llegamos a una planicie en donde desembarcamos de las curiaras y, a partir de ahí, comenzamos a caminar, en ascenso, entre piedras chicas, grandes, no tan grandes, agua, troncos de árboles, raíces, lianas, y cuando nos dimos cuenta, estábamos internados en medio de la selva misma venezolana. Aunque cada vez más cerca del Salto Ángel.

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Durante poco más de una hora caminamos, con un gran calor, entre árboles altísimos y una vegetación frondosa, característica del ecosistema selvático, con el objetivo de llegar al mirador Laime.

Reconocemos que este tramo también se nos hizo difícil, y recomendamos a todos aquellos que quieran realizar la excursión al Salto Ángel ir con un buen calzado, que se adhiera bien a las superficies, con ropa holgada, agua, repelente para insectos y, sobre todo, que tengan en cuenta la condición o estado físico de cada quien, ya que la actividad requiere de un gran esfuerzo.

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Y así, con el agua que nos brotaba del cuerpo y casi sin respiración, llegamos por fin al mirador y supimos en ese instante que todo el esfuerzo había valido la pena: teníamos frente a nosotros, imponente, majestuoso, soberbio, al salto de agua más grande de la tierra, a una cascada de agua de tamañas dimensiones como la que no veríamos jamás en ningún otro rincón del planeta: estábamos frente al Salto Ángel.

Quizás las fotos, las imágenes y el relato no alcancen para describir la magnificencia del Kerepacupay- Vena, tal el nombre con el que se conoce al salto en lengua nativa, pero esperamos que al menos sirvan para que se hagan una idea. En el lugar, además de ir al mirador se puede nadar y refrescarse en las aguas de la poza del Salto Ángel, un lugar de película.

Agradecimientos:

– Fundamentalmente a los que hicieron posible este recorrido, el Ministerio de Turismo todo y en especial a Igor Fernández por toda su colaboración en que estemos a gusto y con todo lo necesario para hacer de nuestra visita uno de los mejores momentos vividos fuera de nuestro país.

– En los días de estadía reunimos muchos amigos y colegas que también colaboraron para este video reportaje mucho y por lo cual no queremos dejar de saludarlos y nombrarlos en este espacio, estoy hablando de Elizabeth Irala, Ruthbeliz Requena, Franco Contreras Gil y Magdamelia Loreto.

By Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.