crucero de lujo por el Rin
crucero de lujo por el Rin

El itinerario del Riverside Debussy: Joyas del Norte del Rin es un viaje al corazón mismo de Europa, donde cada escala es una oportunidad para descubrir ciudades emblemáticas del viejo y romántico continente como Ámsterdam, Düsseldorf o Colonia.

Hay cruceros fluviales que, como taxis acuáticos, te trasladan de un puerto a otro. Y luego están los cruceros Riverside, que te desplazan por los grandes ríos de Europa con la elegancia de un vals vienés. 

Aquí no se navega para llegar lo antes posible a destino, sino para deleitarte con la visión de campos de tulipanes o de molinos de viento que te saludan con sus aspas. Cada curva del río es un fotograma pausado que puedes disfrutar desde la cubierta con una copa de champagne helado, entendiendo que el propio barco es tan importante como el destino. En el crucero de lujo por el Rin de Riverside te olvidas de la servidumbre de hacer y deshacer maletas, de traslados caóticos y de niños corriendo sin control parental. Aquí navegas bajo la bandera del lujo europeo, tal vez más discreto que otros, pero definitivamente exquisito y sofisticado.

1. Levantamos Anclas en Ámsterdam

El Riverside Debussy nos espera atracado en el puerto de Ámsterdam. Tenemos la tarde libre así que me permito el lujo de callejear por el anillo de canales de esta ciudad anfibia, cuna de Ana Frank, de Rembrandt —el maestro del claroscuro —y del mítico Cruyff.Junto a dos amigas recorro la Plaza Dam, el corazón palpitante de esta urbe donde conviven sin perjuicio artistas callejeros y aristocráticos palacios. Seguidamente entramos en el territorio de la clase media y nos rendimos ante la arquitectura burguesa del siglo XVII, que al estar tan bien preservada le confiere a Ámsterdam un perfil muy fotogénico.

Nos quedamos fascinadas ante las viejas casas de mercaderes que se inclinan hacia adelante para coquetear con el agua de los canales, descubriendo por qué sus fachadas son tan estrechas. Una inclinación motivada por ese concepto tan holandés de ahorrar hasta el último céntimo. Parece ser que en aquellos tiempos se pagaba impuesto según el ancho de la fachada principal, así que los mercaderes construyeron viviendas angostas pero muy profundas con el fin de recortar sus tributos.

Cuando levantas la vista te das cuenta de que casi todas las casas aún mantienen un gancho o polea en su parte superior. Esto no es un recuerdo nostálgico de tiempos pasados sino pura funcionalidad. Las escaleras de caracol del interior eran y son tan estrechas que los muebles no caben y la única forma de introducir un piano o un armario es izarlo por la ventana en una suerte de ballet de cuerdas y poleas.

Por supuesto, nos lanzamos a curiosear por el famoso “De Wallen” (el Barrio Rojo), un controvertido laberinto de luces de neón y vitrinas tras las cuales vemos a las samaritanas del amor ofrecer sus favores. 

También asomamos la cabeza por un típico coffe shop dejándonos invadir por una nube con olor a hierba de la risa, galletas especiadas y tabaco. 

Entre puente y puente, nos quedamos boquiabiertas ante el hormiguero síncrono de bicicletas que circulan en un ordenado caos. ¿Sabías que en Ámsterdam hay más bicicletas que habitantes? unas 900.000  y cada año se rescatan del fondo de los canales unas 15.000, víctimas de bromas, robos o descuidos de una noche larga.

Así es Ámsterdam: un laberinto anfibio compuesto por canales y calles empedradas, que invitan a perderse para volver a encontrarse, justo antes de zarpar.

Y ahora sí, ahora empieza mi experiencia de lujo en el crucero Riverside Debussy: Joyas del Norte del Rin. ¿Me acompañas?

2. Riverside Debussy: un crucero de lujo por el Rin con 5 Promesas Cumplidas

¡Primera promesa cumplida! Aprendí en mi primer crucero Riverside que el crucerista de lujo tiene su propia idiosincrasia y lista de deseos. Anhela sobre todo una travesía tranquila, sin correprisas y huye de multitudes, colas, megafonías y las algarabías de turistas eufóricos.

Con sus once metros de manga y 135 metros de eslora, este palacio fluvial acoge apenas 55 suites. El barco es un refugio para no más de 110 viajeros que buscan auténtica exclusividad y una tranquilidad asentada en el glamour.

La bienvenida con copa de champán helado no es un brindis cualquiera, es el primer aviso de que aquí uno deja atrás las prisas y se viste con el “outfit” de vacaciones de lujo.

La segunda promesa se intuye en la sonrisa de cada miembro de la tripulación, que están literalmente volcados en hacerte feliz.

En cuanto entras a tu suite, tu mayordomo se convierte en tu cómplice: un WhatsApp basta para que deshaga tu maleta, pula tus zapatos, organice la lavandería o te complazca con el antojo de un bombón. Y si un día amaneces perezoso, bastará un mensaje para que el desayuno llegue a tu cama mientras el resto del barco aún sueña.

La tercera promesa se cumple en la intimidad de tu habitación. Aquí no hay cabinas, sino amplias suites, vestidas de maderas nobles, terciopelos, discreto cuero y colores suaves. Y por supuesto, los magníficos ventanales panorámicos por donde el paisaje se cuela sin pedir permiso. 

Las camas king-size, con sábanas de hilo fresco, invitan a demorarse y el vestidor hace que cada blusa y cada traje tengan su lugar de honor sin arrugas ni dobleces. En el baño, los productos Natura Bissé transforman la ducha en un pequeño spa.

La cuarta promesa es la cocina como relato. Un poco más adelante, te hablaré en profundidad de ella pues merece unas líneas protagónicas, pero antes déjame que te cuente una de mis escalas preferidas en este crucero por el Rin: Düsseldorf.

3. Visita a Düsseldorf

Düsseldorf, capital de Renania del Norte-Westfalia, me conquistó con varias flechas de amor humedecidas en su estética vanguardista y de diseño. También me enamoró el carácter alegre de sus gentes, que se autoproclaman “los latinos de Alemania”. Hospitalarios y festivos, cuando llega el buen tiempo, los lugareños viven en la calle, casi siempre con una cerveza en la mano.

Dicen que su centro histórico (Altstadt) alberga la barra de bar más larga del mundo: unas 300 cervecerías, Brauereien y tabernas que sirven la célebre Altbier, oscura y levemente amarga, en jarras altas que se vacían entre risas y conversaciones de domingo. Si vas, recuerda esta frase imprescindible: Herr Ober, ein Bier, bitte.

En el corazón del casco antiguo, la Burgplatz custodia la Schlossturm, torre de la antigua fortaleza que ha sobrevivido a guerras e incendios. Desde su terraza se abre una de las mejores vistas sobre la ciudad y el Rin.

Pasear por el Rheinuferpromenade, su paseo ribereño, es sentir Düsseldorf en su esencia más lúdica y desenfadada con ciclistas, artistas callejeros e informales cafés.

Pero Düsseldorf también mira a la moda, el arte y la arquitectura. Aquí fue descubierta la famosa top model: Claudia Schiffer y en la Königsallee verás cómo se despliega día tras día, una pasarela de firmas de lujo y escaparates deslumbrantes.

La vanguardia se hace visible en el MedienHafen, antiguo puerto industrial convertido hoy en distrito creativo. Entre muelles recuperados y antiguos almacenes se alzan las icónicas torres de Frank Gehry, icono de una ciudad que se reinventa sin perder la solera de su legado histórico.Y su espíritu ecológico queda de manifiesto en el edificio Kö-Bogen II, que tiene la fachada verde más grande de Europa y que pretende ser estandarte contra el cambio climático y de la filosofía eco y de diseño de Düsseldorf.


4. La Cocina como Relato

La cocina del Riverside Debussy destila esencia del Kilómetro Cero y gastronomía de proximidad. Cada plato es un guiño a lo local y un homenaje a la ciudad o al pueblo que se dibuja tras los amplios ventanales del barco.

Esta gastronomía se convierte en un relato viviente, celebrando en cada escala la diversidad culinaria europea con propuestas como el Rheinischer Sauerbraten, un estofado marinado típico de la región del Rin. 

El menú rinde por supuesto culto a clásicos imprescindibles como el codillo, chucrut, pretzels, mejillones al estilo del Rin, trucha à la meunière o el Elsässer Kougelhof, un célebre postre alsaciano. Y, por supuesto, cuando se navega por tierras alemanas, no faltan los vinos más nobles del Rin.Detrás de esta sinfonía de sabores se encuentra la firma de Simeon Petkov, executive chef, búlgaro de nacimiento aunque forjado entre los fogones de Londres y Ámsterdam. Simeon ha recorrido medio mundo para traer a cada plato un mestizaje de raíces y paisajes. Tiene la virtud de saber mirar el mercado local de cada puerto y cocinar sus ingredientes como quien escribe una carta de amor.

5. Última escala: Colonia

Es el último día del crucero. El Riverside Debussy despierta frente a una de las catedrales más imponentes de Europa: Colonia. Para llegar hasta ella primero cruzamos el puente de los candados, el Hohenzollernbrücke, cuyas barandillas rebosan miles de promesas de amor. Se calcula que cuelgan más de dos toneladas de recuerdos, por lo que cada tanto, los ingenieros tienen que revisar que Cupido no termine dándoles un buen susto.

La catedral nos recibe con su silueta gótica, esbelta, desafiante, como si quisiera arañar las nubes más bajas. Su historia arranca en 1248, cuando Colonia era un centro de peregrinación clave en Europa gracias a las Reliquias de los Reyes Magos, que aún descansan en un relicario dorado en su interior. Sin embargo, la obra quedó varada durante siglos, entre guerras y crisis que la dejaron en los huesos, como un esqueleto de piedra. No fue hasta 1880 cuando, tras hallarse los planos medievales originales, se retomaron los trabajos para rematar sus torres gemelas. La leyenda afirma que el día que la catedral esté por fin terminada —porque siempre hay una gárgola por restaurar o una vidriera por reparar— será el fin del mundo. 

Visitar su interior se hace imprescindible, a ser posible en silencio dejándote envolver por su mística luz que se cuela por sus sobrecogedoras vidrieras.

Colonia guarda también un secreto perfumado: es la cuna de la célebre Eau de Cologne, la fragancia fresca y chispeante que enamoró a Napoleón, quien, dicen, viajaba con frascos escondidos entre sus botas militares.Hago en voz alta una promesa: volveré, aunque sea una vez más, para vivir su legendario Kölner Karneval, el carnaval más alocado de Europa. Cada 11 de noviembre, a las 11:11 en punto, toda la ciudad se transforma en un teatro delirante. Se dice que esos días Colonia se quita la corbata de alemán serio y se viste con la irreverente máscara del carnaval.

6. Un crucero de lujo por el Rin que NO se mide en millas

Llamar al Riverside Debussy simplemente un crucero fluvial sería faltar a la verdad. En realidad, es mucho más. Para mi es un refugio soñado en forma de palacio flotante para quienes aborrecen el turismo de prisas y valoran la delicadeza del “Slow Tourism”.

Es también un templo gastronómico que navega con la cadencia de un Clair de Lune, la sinfonía más pura de Debussy. Una música silenciosa que escuchas con cada visión de molinos y tulipanes, cervezas artesanas o esbeltas catedrales.

Queda en nosotros, los viajeros, la decisión de medir la travesía en millas o en impactos de placer y bienestar.

Si quieres conocer mi crucero por la romántica Provenza, pincha aquí.

By Cristina Monzon Marti

De pequeña ya soñaba con conocer mundo. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, yo me imaginaba enrolándome en la caravana de un circo que recorría los pueblos de España. Luego fui todavía más osada y me vi sobrevolando las geografías del mundo en un globo blanco y rojo desde el que saludaba a los enraizados a la tierra. ¡Os lo contaré todooooo! Prometí mientras mi voz se perdía entre las nubes. Hacerse adulta me obligó a dejar atrás algún sueño pero nunca abandoné mi amor por los viajes. Más tarde descubrí que también me apasionaba contar historias. ¿Por qué no casar estas dos pasiones? Ahora siento que soy una embajadora de destinos. No por título ni honores sino por puro placer de descubrir rincones únicos y poder trasladarlos al salón de tu casa con el deseo de inspirarte, a que un día (no muy lejano espero), puedas conocerlos en primera persona.